DESPEDIDA DEL PERICO (*)
Perico, perezoso,
vellón de terciopelo,
colchón de plumas,
oso de la juguetería de Navidad,
el cielo sólo te acogería
en la constelación
de la Osa mayor.
Fuiste la selva en oración
y lo que siempre es triste decirlo:
"frustración".
Y a otro modo de chiste:
"él se fue como pudo
prendido del ramaje
del árbol del escudo".
Maravilloso viaje.
(*) Raúl Otero Reiche
Mostrando entradas con la etiqueta Raúl Otero Reiche. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Raúl Otero Reiche. Mostrar todas las entradas
sábado, 11 de abril de 2009
PLAZA DE ARMAS - Adiós Amable Ciudad Vieja
PLAZA DE ARMAS
La Plaza de Armas con arcos triunfales
cerrando los cuatro puntos cardinales,
y cuatro faroles de cuatro vecinas,
cuatro los serenos en las cuatro esquinas.
En ella se daban cita los amantes,
los bultos y algunas vacas trasnochantes.
Cántaras y risas, todas las mañanas
secaban la pila las Samaritanas.
Al centro un quiosco don se reunía
la banda de música de la Policía.
¡Retretas cruceñas! ¿Quién no concurría
si tenía novia, si no la tenía?
Después erigieron la Estatua, y al punto
cambió el panorama de todo el conjunto,
ni quiosco, ni bardas, pero en cambio un lago
minúsculo, en forma de algún endriago.
Más tarde cayeron entre enredaderas,
víctimas de hacha, lirios y palmeras.
Siguió el exterminio del jardín zoológico
que allí retozaba silvestre y egógico (*),
ni un cóndor cautivo, ni las gallaretas
pudieron librarse de las escopetas
que aunque no los hubo se las merecía
dicha memorable, total cacería.
Había que ver a los celadores
cosechando patos, urinas y flores.
Hoy día la Plaza de Armas se arrofalda
para estar de moda con la minifalda,
mastrando la curva de todo el vergel
y la geometría de un alto nivel.
¿A dónde se irán los viejos placeros
si también se han ido sombras y luceros?
RAÚL OTERO REICHE
La Plaza de Armas con arcos triunfales
cerrando los cuatro puntos cardinales,
y cuatro faroles de cuatro vecinas,
cuatro los serenos en las cuatro esquinas.
En ella se daban cita los amantes,
los bultos y algunas vacas trasnochantes.
Cántaras y risas, todas las mañanas
secaban la pila las Samaritanas.
Al centro un quiosco don se reunía
la banda de música de la Policía.
¡Retretas cruceñas! ¿Quién no concurría
si tenía novia, si no la tenía?
Después erigieron la Estatua, y al punto
cambió el panorama de todo el conjunto,
ni quiosco, ni bardas, pero en cambio un lago
minúsculo, en forma de algún endriago.
Más tarde cayeron entre enredaderas,
víctimas de hacha, lirios y palmeras.
Siguió el exterminio del jardín zoológico
que allí retozaba silvestre y egógico (*),
ni un cóndor cautivo, ni las gallaretas
pudieron librarse de las escopetas
que aunque no los hubo se las merecía
dicha memorable, total cacería.
Había que ver a los celadores
cosechando patos, urinas y flores.
Hoy día la Plaza de Armas se arrofalda
para estar de moda con la minifalda,
mastrando la curva de todo el vergel
y la geometría de un alto nivel.
¿A dónde se irán los viejos placeros
si también se han ido sombras y luceros?
RAÚL OTERO REICHE
Suscribirse a:
Entradas (Atom)